"Fue como haber tenido cuatrillizos de golpe"
La experiencia de aprender a ser familia con niños que ya traen una historia, una personalidad y mucha necesidad de amor
Se convirtieron en padres de un día para el otro. Si bien hacía años que estaban esperando esa llamada que iba a cambiar sus vidas para siempre, nada podía prepararlos para ese cambio copernicano de 180 grados.
Carlos Britto y su mujer, Rosana -de Santa Fe, probaron un tiempo tener un bebe, con métodos de fertilización, y después de varios intentos fallidos empezaron a barajar la posibilidad de adoptar. Como todas las parejas, lo primero que pensaron era que querían a un bebe, pero al ver que los plazos se alargaban fueron ampliando los horizontes. "Nos inscribimos en el registro de Santa Fe y fuimos ampliando las edades. Nos sumamos a un grupo de padres que adoptaba a chicos mayores, y desde un hogar nos contaron la historia de unos hermanitos que estaban en Villa Constitución esperando para una adopción plena", cuenta Carlos, que era chofer y también hacía varias changas. Rosana, por su parte, trabajaba en un bazar.
Maxi (13), Lourdes (11), Bruno (7) y Sofía (5) estaban a la espera de formar una familia. "Nosotros estábamos anotados para uno, y de pronto nos dijeron que eran cuatro. Después de pensarlo dijimos que sí sin siquiera haber visto una foto de los chicos", cuenta Carlos.
Se pusieron en contacto con la Secretaría de Niñez de Villa Constitución en septiembre de 2009, para iniciar los trámites correspondientes. "Yo ya los sentía como propios. Sentía que ellos me estaban buscando", agrega Carlos, quien no tenía preparada la casa para recibirlos, pero sí el corazón. "Teníamos un dormitorio a medio hacer, pero como vengo de familia de constructores, en menos de dos semanas hicimos los dos dormitorios", agrega.
A las dos semanas, el juez los llamó de improviso para avisarles que la situación de los chicos había cambiado y que se los podían llevar a su casa. "Fue un cambio de vida rotundo. Porque yo no soy una persona que tiene mucho dinero y con mi señora nos arreglábamos bien con los dos trabajos. Con la llegada de los chicos me quedé sólo con el trabajo de chofer y ella renunció al suyo. Así que fue un esfuerzo económico enorme. Tuvimos que salir corriendo a buscarle escuela a los cuatro, comprar mochilas, guardapolvos, ropa, colchones y camas", agrega Carlos, a la vez que destaca la gran respuesta positiva por parte de la familia, los amigos y la gente del barrio.
Es que tuvieron que aprender a ser padres a los tumbos, acompañando a los chicos en este proceso, enfrentando berrinches y silencios. "Fue como haber tenido cuatrillizos de golpe. Mis hermanos me ayudaron mucho, me aconsejaban y también el grupo de padres al que pertenecía funcionó a la perfección en términos de contención", agrega Carlos, que todos los días besa a sus hijos antes de irse a dormir.
Hoy Carlos vuelve a su casa después del trabajo y la encuentra repleta de chicos: sus hijos más algunos otros amigos, y no puede más que sonreír. "Los chicos están bien por suerte", dice, con la esperanza de que otros también se inclinen por este camino.
Es un día de sol radiante. Feriado. Mediodía. Las familias empiezan a llegar al parque General Paz cargadas de comida, juegos y juguetes, dispuestas a compartir la jornada. Son tres matrimonios que adoptaron por separado a 4 hermanos y que hacen todo lo posible para que puedan mantener ese vínculo fraternal.
Oriundos de Tartagal, Salta, estos cuatro hermanos se encontraron en edad de ser adoptados cuando tenían 4, 6, 7 y 9. La jueza hizo todo lo posible para que fueran todos juntos, pero al no conseguirlo decidió que al menos, los dos más chicos fueran con la misma familia.
Así fue como Yanina y Fernando (esperaron 3 años) adoptaron a los más chicos; María Angélica y Sergio (esperaron 9 años), a la nena de 7, y Sandra y Armando (esperaron 5 años) -que ya tenían a un hijo biológico de 14-, al nene de 9. Después de un año de haber formado un nuevo hogar junto a sus hijos comparten experiencias y disfrutan de verlos jugar a su lado.
"Al principio querían verse y hablarse todo el tiempo, y ahora están más tranquilos. El saber que pueden verse y hablarse cuando quieran los tranquiliza", explica Yanina.
En lo que todos coinciden es en lo revolucionario que es el acto de adoptar en sus vidas cotidianas. "Es todo rápido. Te llaman por teléfono y tenés que decidir ahí ya si querés a los chicos. En una semana te cambia la vida", agrega Fernando.
Por su parte, María Angélica cuenta que la llamaron al trabajo por una nena de 7 que había repetido de año por falta de contención y que eso la conmovió. "Ella se soltó enseguida y me llamó la atención que era igualita a mí. Y ahora somos inseparables, es muy familiera."
Lejos del miedo popular a que adoptar a un chico más grande puede traer problemas de relación en cuanto a su historia y su personalidad, Sergio sostiene que es una ventaja que conozcan su pasado.
Los tres matrimonios participan de las reuniones de la ONG Anidar, donde reciben acompañamiento y comparten sus vivencias con otros padres que están atravesando situaciones similares. "La verdad es que el Estado no te contiene cuando adoptás a chicos más grandes, no tenés un teléfono al cual llamar y te quedás solo frente a la angustia", denuncia María Angélica.
"Si me llaman por algo es", pensó Armando cuando recibieron la llamada. Ellos estaban anotados para un chico de hasta 6 años, y los llamaron para avisarles que uno de 9 necesitaba una fmailia. Dijeron que sí.
Para los padres, ensamblar la historia del niño y sus raíces, respetando su propio recorrido, es un trabajo diario que requiere amor y comprension para poder armar juntos una nueva familia."¿Ustedes hablan otro idioma? No te entiendo. Nos preguntaba cuando recién llego. También si éramos ricos y esa es la fantasía que ellos tienen por las películas. Entonces eso deseos e imaginarios terminan chocando con la realidad", agrega Armando.
Para Sandra, cada caso es especial y por eso hay que tratarlo individualmente. "Todos los chicos son diferentes y vienen de historias diferentes. Nosotros ya teníamos un hijo que también se tuvo que adaptar a este nuevo hermano, pero hoy estamos todos muy contentos", resume, mientras los hermanos juegan, se hacen regalos y se muestran dibujos.
Tres familias unidas por el amor fraterno que en este mediodía funcionan como una gran familia llena de sonrisas y caricias para dar.ß.
Sábado 05 de abril de 2014 | Publicado en edición impresa La Nación de Buenos Aires.