No podrás acunarlo. No te dejará supervisarlo cuando se baña. No podrás elegirle la ropa. Ni decidir el largo de su pelo. No te contestará siempre. No te verá ni como Superman ni como La Mujer Maravilla. No te agradecerá lo que creas que estás haciendo por él.
Defenderá sus puntos de vista. Discutirá y cambiará de argumentos solamente para mortificarte. Se encerrará en su habitación. Preguntará por sus padres biológicos, a los que querrá conocer. Comerá mas o menos lo que a el le guste. No se preocupará de hábitos saludables. Cuestionará tus convicciones religiosas. Encontrará y te hará evidentes esos defectos tuyos que querés ocultar. Desestabilizará tu matrimonio, aliándose con vos o con tu cónyuge.
Habrá días en los que te preguntarás en qué te has metido. Tiempos en los que no verás nada positivo en haber incorporado a tu familia a un preadolescente o adolescente.
Pero te aseguro que de vez en cuando, aquí y allá, y siempre que vos y tu cónyuge se hayan entregado a ese desafío con sencillez, humildad y paciencia infinita, recibirán gratificaciones inmensas.
Ese chico o esa chica están en una etapa de sus vidas en la que se transforman en adultos. Ese tiempo dura unos cuantos años (demasiados dicen todos los padres), y es coincidente con una etapa en que nosotros, los adultos, empezamos a bajar el copete en nuestra autoridad de padres y hacemos el recorrido de respetar lo que los jóvenes tienen de adultos y a la vez continuar con la labor paterna en lo que todavía está en desarrollo.
Llevar a nuestra familia una persona de estas edades constituye un reto porque la adopción en ese momento va hacia un vínculo mucho mas horizontal, mas de igual a igual, mas de amigo a amigo, mas de compañeros.
Es por eso deseable que simpatices con el chico o chica que te proponés adoptar, y que descubras si el sentimiento es mutuo. Si se caen bien los dos entonces él se dejará adoptar y vos podrás cumplir con tu papel de padre.
Fijate si te caen bien los adolescentes en general. Preguntá a tus amigos que tienen alguno en la casa cómo son.
Nunca te decidas a adoptar si pensás que es una obra de bien, o que alguien tendrá algo que agradecerte.
Buscá mejor el encuentro entre dos personas, porque vos tenés mucho para dar y también mucho por recibir. Y al niño o joven le sucederá lo mismo.
Alejandro Olazábal
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